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Dr. Alejandro Foxley

ExMinistro de Finanzas y actual Senador de Chile

. A continuación quiero presentarles a nuestro próximo Conferencista e invitado especial esta tarde, el Dr. Alejandro Foxley. El Dr. Foxley ha trabajado en reformas económicas para el desarrollo de las naciones, problemas de la democracia y renacimiento económico latinoamericano. Fue Ministro de Finanzas para el período 90-94 y contribuyó especialmente al milagro económico chileno. Es doctorado de la Universidad de Wisconsin, y ha escrito alrededor de 11 libros sobre economías y problemas de la democracia y es considerado de los más destacados gurus de América Latina. Actualmente es Senador. Dr. Foxley.

 

Quiero agradecer a Conindustria esta oportunidad de dirigirme a ustedes, advirtiéndoles de entrada que de gurú no tengo nada, Yo quisiera hacer una intervención que intente sacudir un poco un cierto escepticismo en el ambiente que uno encuentra, yo diría recientemente en algunos países de América Latina, ambiente al cual por cierto no escapa Venezuela.

Creo que es muy importante tomar una perspectiva real, concreta, aterrizada de lo que América Latina ha sido capaz de realizar y de avanzar desde la llamada década pérdida a lo que pudiera ser la situación actual en que esta es la fijación. Creo que las principales economías de América Latina, con muchos avancesey con algunos retrocesos están adentrándose con bastante seguridad dentro de este proceso de globalización. No cabe duda de que el proceso de globalización constituye para todos nosotros un camino no recorrido y que por lo tanto genera un conjunto de incertidumbre a los que toman decisiones económicas particularmente a los empresarios y también introducen conjuntos de inseguridades en la vida personal y familiar de nuestra gente, porque comenzamos a entender que este nuevo camino está caracterizado porque hay hechos muy distantes que ocurren en países muy lejanos en el mundo y que sin embargo afectan directamente lo que estamos haciendo en decisiones aparentemente desconectadas de esos hechos que como digo ocurren en países muy lejanos, por eso la pregunta que creo que se va a hacer y se va a seguir haciendo en América Latina, es si acaso vale la pena o si ha valido la pena entrar en este mundo tan incierto, y para algunos tan inseguro. Hay retribuciones, qué podemos decir si hacemos un balance del inventario hoy día. Naturalmente lo único que puedo aportar con mucha modestia en esta reunión es el haber sido testigo y en cierta medida actor de una determinada experiencia, pero que no es única en América Latina y que está acompañada por experiencias similares en 4 o 5 países de gran importancia en la región.

Hace 15 años atrás Chile era un país que tenía una visión bastante pesimista del futuro, en que hacíamos como he escuchado de repente en algunas intervenciones hoy día un balance negativo del pasado en que sentíamos que los distintos experimentos o caminos que se habían intentado habían llevado a todos de alguna manera a un punto de bloqueo, y sin embargo en el breve horizonte de 15 años, sin ningún talento especial tenemos hoy día un país que bajo regímenes democráticos ha crecido sostenidamente entre 7 y 8% en los últimos diez años y si uno es generoso y toma la última parte del gobierno de Pinochet va a encontrar pasos de crecimiento similares. Tasas de inversión sostenida de un 30% del producto interno bruto, duplicación de las exportaciones entre el 90 y el 98, superávit fiscal sostenido durante los diez años, proceso en el cual el valor de las empresas chilenas medido por el valor de sus acciones realizadas en la Bolsa, ha subido 6 veces en términos reales. Vale la pena adentrarse en el proceso de globalización.

La economía chilena en estos momentos está pasando por situaciones complicadas, una es desaceleración del crecimiento, un ajuste con la crisis asiática y por exceso de gasto interno, pero si ustedes me hacen apostar al futuro y les advierto que estoy muy, muy lejos de ser de esas personas que hablan de milagros económicos, que se sienten que hemos hecho algo particularmente significativo en Chile, sin embargo, si ustedes me hacen apostar al futuro, yo les diría que hacia el fin del próximo gobierno en Chile, el año 2005, 2006, vamos a tener un ingreso per cápita en término de poder de compra equivalente similar al que hoy tiene España, al que tiene Nueva Zelandia, al que tiene Irlanda. Vamos a estar exportando el 45% de nuestra producción, vamos a tener aranceles similares a los que tiene hoy día Estados Unidos y Canadá. De hecho lo vamos a tener antes, el año 2003 y seguramente vamos a llegar a un nivel de desempleo no superior al 4%. Digo esto porque creo que en este camino nosotros tal vez empezamos un poco antes. Es el camino que está siguiendo Argentina, que está siguiendo México, que está siguiendo con algunas dificultades Brasil, pero que a la larga va a rendir frutos, resultados que van a significar en definitiva que por primera vez en 5, 6, 7 décadas América Latina va a poder estar bien plantada en sus pies jugando un rol significativo, me atrevería a decir bastante fundamental en la economía globalizada.

No cabe duda que la pregunta que uno se plantea es cómo forjarse un camino como nación para entrar con mayor seguridad en ese mundo globalizado, cómo se puede pensar en conjunto, sector privado, sector público, mundo político, mundo intelectual, una estrategia nacional de desarrollo para hacer esta transición de lo que Alvin Toffler esta mañana llamaba "desde la economía de la segunda ola hasta la economía de la tercera ola". Es cierto que países como Venezuela han tenido algunas dificultades para asentar una experiencia de apertura hacia la economía internacional y de persistir en ese camino hasta comenzar a recibir los frutos, pero aún así creo que la pregunta es válida y yo con mucha modestia voy a intentar, muy sintéticamente señalar algunos puntos que me parecen neurálgicos, de acuerdo a la experiencia práctica que uno vio desde el Ministerio de Finanzas o que veo hoy desde la Comisión de Hacienda del Senado de Chile.

Yo diría que para poder entrar con seguridad sin la excesiva intranquilidad en el mundo globalizado hay que contestar dos preguntas fundamentales: la primera, cómo fortalecer la capacidad emprendedora del país, de sus empresas y de sus personas. La segunda, cómo aminorar los efectos perturbadores que esa misma globalización puede tener sobre la economía del país y también sobre la persona.

La capacidad emprendedora va a estar fundamentalmente condicionada por una palabra, por un concepto y ese concepto es estabilidad, palabra que parece simple, trajinada, manoseada pero que constituye la clave para que se produzca un alargue del horizonte en que se toman decisiones en un país y particularmente, decisiones de inversión.

Cuando hablamos de estabilidad, hablamos, en primer lugar, de una estabilidad en el enfoque macroeconómico del país. Creo que a veces, o a menudo, en América Latina solíamos tener la tendencia de pensar que los gobiernos tenían que desarrollar una larguísima y detallada agenda de tareas, descritas casi como una lista un poco interminable que, al terminarla de leerla nos producía un cierto agobio.

¿Cómo el gobierno como tal, o cuál gobierno, va a poder realizar cada una de estas minuciosas tareas? Lo que quiero señalar aquí es que, al final, el problema aunque parece más difícil, es mucho más simple: que un gobierno que quiere bien a la globalización tiene que concentrar sus energías en muy pocos asuntos y esos pocos asuntos, eso sí, hacerlo bien, con claridad, con firmeza y sin retroceso.

¿De qué se trata cuando se habla de una estabilidad en el enfoque macroeconómico? Se trata de reducir para los agentes económicos, las sorpresas, los vaivenes, los eventos inesperados que ocurren o porque ocurren fuera del país o que tienden a ocurrir por errores, precisamente de la política económica. Esos vaivenes están dados por políticas cambiarias erráticas, por recurrir a la tasa de interés cada vez que la economía se fue de control, porque se hizo una mala política cambiaria, cuando la inflación no se controla adecuadamente, cuando la economía oscila detrás de los vaivenes y oscilaciones de los precios de los commodity, sea ello el cobre, el petróleo, etc.

Los eventos inesperados son los elementos que América Latina la han hecho, en cierta medida, retroceder en un poco en su avance hacia la globalización. Cuando en Venezuela, los ingresos provenientes del petróleo un año, 1997, son el 13% del PIB del año siguiente, son el 6% del PIB. Tenemos un evento inesperado que tenemos que aprender a manejar porque no es ni primera vez que ocurre en la historia de este país y no va a ser la última.

Cuando Chile, el año 97, deja entrar un exceso de capitales a su economía y lo estamos pagando hoy día con una desaceleración brutal del gasto y del producto, también es una experiencia que no es nueva, cuyas características o consecuencias conocemos. Cuando entra exceso de capital, el tipo de cambio sufre una revaluación, se abaratan las importaciones, se genera un déficit de cuenta corriente, el gobierno se preocupa, los empresarios empiezan a pensar que cuándo se devalúa, y el gobierno para asegurarse, le dice al Banco Central "las tasas de interés, por favor, lo más arriba posible". Entonces, las empresas que habían estado preparando sus proyectos de inversión para conquistar otros mercados en América Latina o en Europa, se ven movidas en este continuo vaivén, en este ciclo stop go, en este flip flop, en que el tipo de cambio se va quedando atrasado, las tasas de interés suben más de lo que deben subir y las expectativas no terminan de estabilizarse.

Los episodios de México del año 94, de Argentina del 95 y 99, significan, al final, que las economías pagan un precio innecesario en términos de paralización de producción, aumento del desempleo porque no fuimos capaces de resolver un tema simple, pero no siempre tan fácil de manejar.

La verdad es que si a mí me preguntan cómo establecer un camino más estable en el manejo macroeconómico, yo diría dos o tres indicaciones realmente muy sencillas: primero, poner como un objetivo central de la política económica, la mantención de un tipo de cambio real relativamente alto, lo más estable posible, con algún ajuste en los vaivenes del mercado pero cuyo valor, en la medida de lo posible, se aisle de las fluctuaciones y la volatilidad de los flujos de capital o de los precios de los commodities.

Para mantener esa política hay que complementarla con dos cosas: primero, resistir la tentación permanente para cualquier Ministro de Finanzas en América Latina, de usar la política cambiaria para bajar la inflación. No hay receta más fácil. El Ministro de Hacienda siempre está mirando de reojo al presidente de la República y siempre siente que el piso se le tambalea porque está recibiendo críticas de todos lados y está diciendo que no a muchas cosas que se le piden y entonces el Ministro de Hacienda trata de afirmarse con el Presidente de la República y dice: "le voy a mostrar que bajo la inflación rápidamente". Y la forma más rápida, segura y fácil es atrasando el tipo de cambio, con lo cual generamos exactamente el ciclo que he descrito anteriormente, y que atenta, al final, contra la diversificación de la producción, contra los niveles de inversión y que genera un escepticismo creciente en la capacidad de quienes conducen la economía, de dar estabilidad,

Por lo tanto, tipo de cambio real alto, no usar nunca el tipo de cambio para bajar la inflación, y ser muy cuidadosos en la liberalización de los flujos de capital. Creo que uno de los grandes desafíos no sólo para América Latina, pero hoy en día es claro también para el Asia, es el tema de cómo lograr regular mejor las entradas de capitales a nuestra región. No puede ser que los mercados emergentes sean la niña bonita del cuento durante algunos meses o algunos años para después ser, precisamente, la fea de la cual hay que escapar porque se están produciendo señales inquietantes.

En Chile hemos utilizado algunos instrumentos. Hemos puesto impuestos a la entrada de capitales de corto plazo y eso es sólo un ejemplo del tipo de medidas que hay que tomar para que la política cambiaria pueda ser mejor manejada en función de los requisitos de inversiones.

Estabilidad, entonces, en la política cambiaria y yo diría, reducir la incertidumbre fiscal y en esto voy a ser muy breve: creo, de nuevo, si uno quiere sentirse realmente tranquilo frente a los vendavales que ocurren en la economía globalizada, la primera y principal tranquilidad está en una tarea tal vez difícil pero sencilla: busquen la forma de generar un superávit fiscal y de sostenerlo en el tiempo. No hay objetivo más importante para la política económica de un país que avanza a tientas al mundo incierto global, que el superávit fiscal.

¿Por qué? Primero, porque tiene un impacto enorme, más allá de lo que las cifras en sí significan, un impacto enorme en términos de la credibilidad que la política económica de ese país tiene frente a sus propios empresarios y decisores económicos, frente a la comunidad financiera internacional, frente a los capitales que pueden estar o no interesados en asociarse para ayudar en el proceso de expansión de la economía nacional hacia los mercados más desarrollados.

El superávit fiscal es clave porque permite generar un ahorro en el sector público, que es aquél que va a hacer posible lo que Toffler estaba diciendo en la mañana porque una economía centrada en el conocimiento, una economía que entra en la revolución de la información, es una economía que requiere de una fuerte inversión en los procesos educativos y en una mejora de la calidad de sus procesos educativos a todo nivel y los recursos para echar a andar esa reforma obviamente que son recursos que en definitiva se originan inicialmente por lo menos, en el presupuesto público.

De tal modo que la reforma fiscal es un tema central, reducir el descontrol de gastos hacia regiones y municipios, reducir el descontrol de los gastos de seguridad social, simplificar la estructura tributaria, pocos impuestos, impuestos recaudadores, impuestos no demasiado altos. Yo diría que si uno quisiera priorizar las dos tareas centrales que un gobierno tendría que hacer, serían las que he mencionado, y diría que el resto es mucho más simple de lo que parece, porque al final una economía de mercado abierta que maneja bien su política macroeconómica y que es capaz de estabilidad, funciona sobre la base de las decisiones descentralizadas que miles y miles de individuos comienzan a tomar inmediatamente de atrás, de esa estabilidad, hasta llegar a lo que Toffler esta mañana llamaba los micromercados, los microproductos, los microprocesos y la microfinanza.

Naturalmente que lo que he dicho no es suficiente, pienso que tal vez la tercera tarea es fortalecer el proceso de apertura económica, ustedes han hecho una experiencia de apertura a fines de los años 80, comienzos de los 90, tal vez la experiencia fue demasiado brusca y generó por lo tanto algunos anticuerpos, además la experiencia fue incompleta en el sentido que la apertura de la economía, la reducción de aranceles para funcionar y producir todos sus frutos, tiene que ir necesariamente acompañada de un proceso de transformación del aparato público burocrático, de tal modo que ese aparato público burocrático se decida de verdad a dar un paso atrás, a tomar la decisión de no interferir a nivel microeconómico en cada una de las decisiones que debieran tomarse descentralizadamente en esa economía.

La apertura por lo tanto, tiene como elemento indispensable complementario, la desregulación y la desburocratización del aparato estatal, cuestión que no es esta última nada fácil por cierto, porque las burocracias se autoperpetúan y justifican su existencia manejando la cuota de poder que significa regular, controlar, interferir, reglamentar.

De tal modo que apertura, desregulación, desburocratización, es un elemento fundamental y central y en eso creo que no hay que tenerle miedo a un proceso que continúa en la dirección de reducir aranceles, poniéndonos como objetivo final niveles de aranceles equivalentes al de los países desarrollados.

En Chile, hemos tomado la decisión el año pasado, en medio de la crisis asiática, nos tocó aprobar en el senado una ley en que decidimos bajar el nivel de aranceles en el medio de la crisis de un 11% a un 6%, más la reducción en los acuerdos de libre comercio -en 4 ó 5 años más vamos a tener aranceles del 3%-.

Creo que no hay que tenerle miedo, pero tampoco hay que ser ingenuos en esta materia y en esto quisiera hacer una breve referencia a un elemento que me parece debe complementar esta política de apertura. Obviamente que la apertura no tiene demasiado riesgos si el sistema de comercio internacional funcionara como dice y lo desea la Organización Mundial de Comercio, sin embargo, nuestros productores a menudo y con razón se quejan que las reglas prácticas del comercio mundial son en verdad muy distintas a aquéllas que se firman en la OMC.

En los últimos meses hemos observado la guerra al banano entre Estados Unidos y la Comunidad Europea que terminó con un conjunto de medidas de represalias en que Estados Unidos le aplica unilateralmente al margen de la OMC a los países europeos, por varios centenares de millones de dólares, eso fue seguido por la guerra de la carne con hormonas en que Estados Unidos aplica represalias a Europa también por cientos de millones de dólares y va a ser seguida por la guerra de los productos transoceánicos, la Secretaría de Comercio de los Estados Unidos está amenazando a Japón con castigarlos con aranceles hasta del 67% por sus exportaciones de acero laminado, tiene una disputa con la Unión Europea en la industria de la aviación, acusa de prácticas comerciales desleales a la India, a Argentina por las patentes, a Canadá por las patentes, a Corea del Sur porque no dejan que las empresas constructoras americanas participen en licitaciones en ese país. Estamos en un mundo imperfecto, los que nos han invitado o empujado a entrar a un multilateralismo basado en la Organización Mundial del Comercio, no están al mismo tiempo practicando las propias reglas que nos han dictado, y por lo tanto, creo que es fundamental complementar la estrategia de apertura con un fortalecimiento de nuestra capacidad de negociación en un comercio internacional cuyas prácticas responden a veces mucho más a las relaciones de poder y a la capacidad o no de negociar acceso a mercados.

En esto, para no alargarme, quisiera mencionar un solo hecho que me parece llamativo porque por lo menos a ustedes debiera llamarles la atención. No cabe duda que los bloques comerciales son una manera de defenderse frente al neoproteccionismo de los países desarrollados, nosotros hemos firmado –Chile con Venezuela- un acuerdo de libre comercio por ahí por los años 91-92, en la misma fecha firmamos un acuerdo de libre comercio con México, yo antes de mirar acá miraba las cifras del intercambio comercial entre mi país, ustedes y mi país y México. El comercio entre México y Chile ha crecido desde el año 92 diez veces, porque tenemos el 94% de los productos con arancel cero. Con Venezuela también tenemos el 92 ó 94% de los productos con arancel cero, sin embargo, los volúmenes de comercio prácticamente no han crecido en el período, hay algo entonces en la orientación empresarial productiva Venezuela versus México que hace una enorme diferencia en la voluntad, la disposición, la creatividad, el espíritu emprendedor, para tomar esos mercados, aunque sean mercados relativamente pequeños como puede ser un mercado como el de la economía chilena.

Creo que debemos tener, si nos atrevemos de verdad en la apertura, tenemos que contrapesarlo con un Estado que en vez de regular y burocratizar, sí es capaz de desarrollar cláusulas de salvaguarda cuando la producción nacional es amenazada integralmente por productos masivamente importados y pienso también que tenemos que aprender a desarrollar una capacidad de litigar en los países desarrollados, a medida que avancemos con un éxito en nuestras exportaciones.

La experiencia de cualquier país de desarrollo intermedio es que la estrategia exportadora puede llegar a ser víctima de su propio éxito, cuando ustedes tienen éxito en entrar al mercado de Estados Unidos o de Europa, determinado porcentaje de ese mercado, inmediatamente van a venir las presiones de los productores de esos países para poner cuotas o para impedir una expansión adicional y eso se litiga en las Cortes en Nueva York, en Washington y en Bruselas y nosotros, al menos en el caso chileno, no hemos desarrollado prácticamente ninguna capacidad para meternos dentro del sistema y defender desde allí nuestros derechos.

No quiero alargarme y podría señalar los temas nuevos que vienen para proteger la libre competencia una vez que los sectores de servicio público sean privatizados, pero tal vez quisiera simplemente terminar con dos puntos. La globalización produce, no cabe duda, efectos perturbadores y el gran riesgo que se tiene es que la población de nuestros países comience prematuramente a ver con inquietud un proceso que le genera un grado de incertidumbre que para mucha gente puede ser intolerable y creo que la forma de enfrentar ese problema es poniendo un fuerte énfasis en algunos cambios institucionales que permitan reducir esa percepción de inseguridad. En nuestros países estamos en estos ciclos recurrentes, euforias de consumo, expansión del endeudamiento de las personas para ser seguidos por los procesos inversos.

Creo que la inestabilidad que se genera a partir de esos fenómenos nos obligan a pensar claramente en una política de creación de fondos de ahorro de tipo institucional, el primero de ellos la seguridad social. Hemos hecho la experiencia en Chile de un mecanismo de ahorro forzoso que constituye la seguridad social, mecanismos de capitalización, estamos iniciando un mecanismo de libretas de ahorro para la educación superior y vamos a poner en marcha pronto un mecanismo de ahorro privado que reemplace lo que en las economías desarrolladas constituye un seguro de desempleo.

Creo que el tema del ahorro personal y las instituciones necesarias para que ese ahorro se desarrollo es un elemento central complementario en el proceso de globalización.

Finalmente, no cabe duda que el proceso de globalización se sostiene al final de cuentas, en instituciones estables y transparentes, en reglas claras que sean aceptadas por todos los principales sectores que tienen vigencia en un país, sistema político con equilibrio de poderes, con independencia de poderes e instituciones con capacidad de resolución de conflictos, instituciones que puedan permitir desarrollar cooperación y disminuir el ámbito de conflicto en la sociedad.

Estuve recientemente en Ecuador invitado por el Presidente Yamil Mahuad en un momento anterior a la crisis y colapso de la economía ecuatoriana. Nos encerramos durante dos días con los principales dirigentes políticos, empresariales, sindicales, incluso rectores de universidades, asistió el presidente, en un intento de construir un acuerdo de un paquete económico cuyas características eran relativamente obvias y que habrían impedido el colapso que ocurrió en la economía del Ecuador inmediatamente después.

La reunión fue bastante dramática porque trabajamos intensamente, me invitaron a mi y a Gonzalo Sánchez de Lozada, como personas externas en el ejercicio. Habíamos avanzado en las características de lo que había que hacer, se habían creado subgrupos, se había armado un documento, y cuando estábamos a punto de que se produjera un acuerdo, uno de los dirigentes que estaba allí, salió 5 minutos y llamó por teléfono a un dirigente político, a un partido distinto al de gobierno, supuestamente cercano al gobierno y ese dirigente político le dijo: acuerdo no.

¿Porqué? Es mi interpretación, que ese dirigente político legítimamente tiene pretensiones de ser el sucesor en la presidencia de la república y pensó como hemos pensado tradicionalmente en América Latina que rinde más en política ser cómplices en el fracaso de un gobierno, que no intentar asociarse en el éxito de lo que pueda ser una política económica que levante al país, que estabilice las expectativas, que abra un horizonte para la inversión y que de sobre todo de fondo, una señal de cooperación entre personas que son antagonistas o que legítimamente difieren en muchos puntos de vista.

Alvin Toffler decía hace un minuto que esta nueva economía de la tercera ola tiene una característica y es que el valor de los intervalos de tiempo es cada vez más alto, o puesto de otra manera la urgencia de las tareas que hay que hacer, es cada vez más urgente, valga la redundancia.

Por eso me parece a mí observando el panorama de Venezuela, si uno simplificara las cosas que hay que hacer en el plano de la economía, las tareas no son tantas, las tareas realmente son pocas. Hay una experiencia anterior buena o mala, aciertos y errores, pero un país adquiere madurez, cuando aprende de su experiencia y cuando trata de abrir un camino con un signo un poco distinto al que históricamente hemos tenido en América Latina.

Una cultura política de cooperación es la que permite generar las condiciones básicas de confianza, que es la hace posible el desarrollo de una economía, el antagonismo, el culpar a todo el resto por el estado actual de las cosas, el pensar que la historia anterior no tiene valor alguno, es una actitud que no ayuda a construir lo que yo llamaría un capital social.

El capital social es cuando se da el paso para entender lo que está diciendo el otro. Cuando se trata de construir una verdad compartida, cuando se desarrollan ciertas incertidumbres sobre las instituciones fundamentales que el país va a tener permanentemente y cuando la gente se juega por sobre todas las cosas, por la estabilidad y por la cohesión social.

Todo esto se puede hacer, no es tan difícil, no es tan complicado. Creo que América Latina está expectante del momento en que Venezuela se encamine por este camino. Porque creo que la única forma que en definitiva vamos a enfrentar sin retroceso a la globalización en América Latina, si los principales países de la región realmente caminamos juntos. Y la verdad es que nosotros por lo menos sentimos que a Venezuela lo necesitamos. Muchas gracias.

 

Moderador: Muchas gracias señor Foxley, yo no sé si usted es un gurú o no de América Latina pero lo que nos ha dicho hoy refleja un gran conocimiento de la región. Muchas gracias. Muchas gracias Dr. Roosen por sus palabras y como hemos dicho que no hay que perder un minuto de tiempo, inmediatamente después vamos a iniciar la conferencia de la tarde en el salón de al lado. Gracias.

 

   

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