Moderador: Bueno a continuación la próxima ponencia que es ¿Por qué es difícil ser industrial en Venezuela? Tendremos la disertación del Dr. Juan Calvo y Carlos Larrazábal. Invitamos al Sr. Saturnino Alvarez, Director de Conindustria a que sea el Moderador en esta parte. Gracias.
Sr. Saturnino Alvarez, Moderador: Me tocó la grata tarea de invitar aquí a mi amigo el Sr. Juan Calvo y el Sr. Carlos Larrazábal. Juan José Calvo de Dios es graduado del Instituto de Tecnología de Massachusetts en ingeniería industrial y eléctrica respectivamente. Con curso de postgrado y gerencia del mismo Instituto. Ha participado en varios cursos de desarrollo técnico y gerencial, auspiciado por IBM, entre otros el de la Escuela Avanzada de Gerencia para Latinoamérica. Asistió al Programa Avanzado de Gerencia de la Escuela de Administración para graduados en la Universidad de Harvard. Ha ocupado diversos cargos en el sector privado, Gerente de Operaciones de Mercadeo en la Oficina Regional para Latinoamericana de la IBM, Vicepresidente de NCR de Summan Systems, Gerente General de Moliados Andinos. En la actualidad se desempeña como Primer Vicepresidente de Venepal y Presidente de Venepal Stone Forestal de Venezuela, así como miembro en el Directorio de diversas compañías como Papeles Aragua, MGC de Montanas Gráficas con VEPAL,.Fundación Eugenio Mendoza, Moliados Andinos y Productos Moliados, Corporación Grupo Químico, Vencerámica e Inversiones Catave. En la actividad gremial se destaca habiendo desempeñado el cargo de Presidente de la Asociación Venezolana de Productores de Pulpa, Papel y Cartón APROPACA. Como presidente y consejero de la Confederación Industrial de la Celulosa y del Papel Latinoamericano CICEPLA y en los últimos dos períodos vicepresidente de Conindustria.
¿POR QUÉ ES DIFÍCIL SER INDUSTRIAL EN VENEZUELA?
Juan Calvo
- Presidente Electo de ConindustriaMuy buenas tardes, señoras y señores, distinguidos compañeros del presidium, industriales:
El tema que me toca desarrollar esta tarde es un reto, primero, por lo difícil que es ser industrial en Venezuela y después, por la hora en que me toca exponerlo, que es un reto a que no los duerma después de un almuerzo tan agradable y con unos discursos tan precisos en lo que se refiere, en especial, el Ministro Foxley, a lo que debemos hacer en Venezuela, tomando el ejemplo de los éxitos chilenos.
Para desempeñarse bien en cualquier papel que a una persona o institución le corresponda ejecutar, es indispensable conocer por qué y para qué se hace esa actividad y con quién y cómo se relaciona, así como lo que aspiramos de la misma y cuál es la responsabilidad que nos corresponde efectuar y cómo puede influir en ese desempeño las normas y reglas que se definen dentro de su ámbito de acción. También es preciso conocer cuáles son los factores fuera del control que de alguna forma afectan esa actividad.
Esto no es, ni más ni menos, que el caso que me toca desarrollar, qué es El Rol del Industrial en Venezuela. Para cubrir el tema lo mejor posible, me referiré a los aspectos relacionados con políticas y orientaciones globales y el Dr. Carlos Larrazábal se referirá en su exposición, en la identificación de aquellos elementos que, de alguna forma, están afectando a la gestión del industrial y recargando injustificadamente sus costos.
El industrial en Venezuela ha venido actuando en función de atender necesidades determinadas por el mercado, ajustándose a las disposiciones legales que han regido al sector y adaptando su actividad a los factores del entorno que, de una u otra manera, han condicionado esta acción. Lo que hace doscientos años comenzó con incipientes procesos de transformación industrial de productos agrícolas como la caña, la leche, otros derivados, que se convirtieron en productos como azúcar refinada, licores, quesos y otros productos similares, con el devenir del tiempo han sufrido una transformación radical con el descubrimiento del petróleo y su explotación en forma masiva en nuestro país.
Distintas etapas pueden calificar e identificar lo que se relaciona como la actividad industrial, su desarrollo y su marco de acción durante este siglo. Yo lo he definido como una primera etapa que se puede relacionar con la infancia, que ha tenido lugar durante los primeros cincuenta años de este siglo y hasta los años setenta y que se caracterizan por el empeño en ver crecer y desarrollarse una actividad naciente, creando condiciones muy favorables y prestando todo tipo de apoyo a esta actividad.
Así se definieron objetivos de mediano plazo, se establecieron reglas claras y políticas de apoyo con preferencias explícitas para los productos nacionales, todo bajo una política de sustitución de importaciones apoyada por la CEPAL. Esto, dentro de un contexto macroeconómico muy favorable, con prácticamente ninguna inflación y con un creciente poder adquisitivo de la población que permitió el crecimiento de un mercado y de unas actividades manufactureras privadas, teniendo en cuenta, también, que estaban suspendidas las garantías económicas, que había una aplicación incipiente de controles y que también contábamos con restricciones para acceder a ciertas áreas los sectores industriales.
En los años sesenta se desarrollan las industrias del cemento, el papel, la agroindustria, el plástico, todo el sector metalmecánico y una gran cantidad de pequeñas y medianas industrias. Es un esfuerzo por sembrar el petróleo, como sentenció Arturo Uslar Pietri a mediados de este siglo. En estos años se dan también los primeros pasos para insertar a Venezuela en los mercados internacionales, utilizando los productos no tradicionales, usando como vehículo nuestra asociación en la Asociación de Libre Comercio para América Latina ALALC, fundada en 1960.
En este período, el Estado reorienta parte importante de los enormes recursos generados por el petróleo y los dirige hacia grandes proyectos para la transformación de recursos minerales y se convierte en el principal empresario del país, dejando de ocuparse y dejando de lado a su función primaria de ofrecer servicios de seguridad, educación y salud en forma eficiente, cónsona con las crecientes necesidades de la población y con un gasto elevado e ineficiente. Comienza en esta época el proceso inflacionario en Venezuela.
Dentro de este contexto latinoamericano, Venezuela se incorpora al Pacto Andino en 1972, en medio de un creciente ambiente de recelo a la inversión extranjera, controlada por la famosa Decisión 24 y una planificación estatal que pretende dirigir la actividad privada y económica en la región limitando también a este sector.
La industria en este período se desarrolló en una forma sostenida y sustentada por un proceso creciente de inversión en maquinaria y dentro de un ambiente económico de relativa estabilidad y que reflejaba bajos índices de inflación.
Comienza una segunda etapa durante los años ochenta, que relacionaría yo con los desequilibrios del adolescente, derivados de la relación con un ambiente adverso sin la preparación adecuada. La economía pasa a moverse en una forma irregular y el desequilibrio de algunas de las variables macroeconómicas determinan la aplicación de políticas de mayores controles en un ámbito monetario y cambiario que dislocan la estructura financiera de las empresas, aun cuando se privilegia el mercado interno y se mantienen las bases de una política industrial proteccionista.
La complejidad de mecanismos y controles, así como la permisología existente, enrarece el ambiente de negocios, distorsionando el mercado y eliminando toda posibilidad de una sana competencia. Son los años de Recadi y los controles de precios.
El control cambiario favorece, temporalmente, a la actividad industrial, pero sin embargo, el nivel de expectativas creado por un ambiente de inestabilidad económica se refleja en una caída de la inversión en maquinaria, con excepción de los años en que se vislumbra una devaluación que evidencia la falta de confianza y la ausencia de un proyecto confiable de largo plazo. Se acelera el proceso inflacionario con el consecuente deterioro del ingreso real de la población.
Comienza una tercera etapa a partir de los años noventa, que la puedo relacionar con la de un adulto inmaduro que se enfrenta a un ambiente de mayor libertad sin tener la capacidad ni experiencia de manejar los retos que esto supone. Es la liberación de la economía sin definir políticas explícitas de apoyo para el sector industrial, limitándose únicamente a la aplicación de algunas medidas aisladas que pierden su impacto por la ineficiente administración de las mismas.
Como decía el Ministro esta mañana, es la política de no tener política industrial, a lo cual se agrega un marco macroeconómico altamente inestable, donde ocurren pronunciadas alzas y bajas en sus variables que dan lugar a políticas pendulares creando un alto grado de incertidumbre mientras continúa el proceso de deterioro social y por ende, la reducción del mercado.
Todo este proceso estuvo caracterizado por una apertura comercial indiscriminada que contrapone las ventajas que nos ofrecen los mercados ampliados como los de la Comunidad Andina, con acuerdos que dieron ventaja a terceros sin tener en cuenta al productor nacional. Ejemplos de esto lo vemos cuando nos incorporamos a la Comunidad de Naciones del Caribe o con el Acuerdo de San José.
Este conjunto de factores ha venido erosionando progresivamente nuestra capacidad de respuesta como consecuencia de un debilitamiento ante la reducción del mercado interno, ante el abaratamiento de las importaciones, la presión de los costos originada por el sostenido proceso inflacionario y los elevados niveles de tasas de interés, que cada vez con menor posibilidad de acceder a los mercados externos, por la desventaja que supone una alta tasa de sobrevaluación de nuestro bolívar.
El crecimiento de la industria en este tiempo se da a un ritmo de altibajo de la economía que hoy día empieza a manifestar preocupantes signos de crecimiento, la inversión sigue su tendencia decreciente a excepción de nuevo, de años en que se vuelven a imponer los controles ante unos signos de devaluación inminentes. La inflación siempre elevada en estos años, presenta un comportamiento errático y el ambiente macroeconómico nuevamente inestable.
Todo esto constituye a mi juicio, limitaciones fundamentales a la acción de los empresarios industriales, la experiencia de las últimas cuatro décadas es reveladora en cuanto a la importancia que tiene el criterio de la dirigencia del país con relación al papel del Estado en la economía y la influencia de un ambiente político y económico propicio donde existan garantías jurídicas al inversionista. Acabamos de oír al Ministro Foxley hablar de estabilidad y lo conveniente y necesario para un país el que existan reglas claras que se mantengan a través del tiempo. Para la industria que por necesidad es de largo plazo y con visión de futuro, no puede ser menos perentorio el que esto se implante en nuestro país.
Para la industria un Estado que incentiva, proteja y controla como en los años 60, ofrece una amplia gama de oportunidades, pero en la medida en que este esquema se prolongue en el tiempo sin que hayan los debidos ajustes, se destruye el espíritu de riesgo del empresario, se anula el sentido competitivo y se limita el ámbito del mercado al espacio protegido.
El Estado como empresario típico de los años 70- apoyado en inesperados ingresos provenientes del petróleo, no sólo distrae recursos financieros que se necesitan en otras áreas de interés social, sino que al reservarse a áreas específicas para su explotación, como fue el caso de los hidrocarburos y de la industria petroquímica, se convierte en regulador de las actividades relacionadas, estableciendo condiciones de precio y suministro que limitan el margen de acción de los industriales asociados con esas actividades. Independientemente de la capacidad de administración del Estado, su participación como empresario, lejos de contribuir al fortalecimiento de actividades conexas, se transforma en un ente que condiciona y restringe la libertad de acción de nuestro sector.
Para la industria, el Estado que pierde la visión de largo plazo para enjugar problemas coyunturales, tal como ocurrió en los años 80, debilita las bases del crecimiento futuro. El reenfoque del papel del Estado planteado a partir de los 90, orientado hacia la liberación de las fuerzas del mercado y la concentración de actividades orientadas a la asistencia social, retomando las prioridades de educación y salud, fue un intento de subsanar muchos de los problemas que originaron las políticas aplicadas en las décadas anteriores y a la vez, para adaptarse a las corrientes mundiales de apertura y liberación que forman parte de esta realidad global.
Tenemos que señalar las privatizaciones de empresas en manos del Estado, como lo fueron CANTV, los bancos Consolidado, Venezuela y Progreso, más recientemente Sidor, como ejemplos positivos frente a los casos de VIASA, Aeropostal y el fracasado proceso de privatización del sector aluminio. Sin embargo, la liberación de las fuerzas del mercado tienen que venir acompañada dentro de un marco legal e institucional que apoye en forma efectiva al industrial, en términos de promoción de la competencia, de control de ilícitos aduaneros, de igualdad de condiciones de competencia para productos nacionales y extranjeros, con sistemas ágiles de aplicación de los incentivos fiscales, con un régimen de compras gubernamentales que sea favorable a los productos nacionales, tal como se aplica en la mayoría de los países como Estados Unidos y Brasil, entre otros.
Muchos de estos elementos se han identificado con toda precisión y se le ha dado el nombre de "Costo Venezuela". Conindustria ha insistido reiteradamente ante los organismos oficiales de la imperiosa necesidad de buscar soluciones específicas a estos problemas, pero lamentablemente nuestro progreso ha sido lento y escaso en muchas ocasiones.
Ante la pregunta de ¿Por qué es difícil ser industrial en nuestro país? Podemos decir, porque se requiere una visión de país de largo plazo, conocer dónde queremos llegar en los próximos cincuenta años, porque nos hemos venido movido en los últimos quince años en un entorno económico altamente inestable, porque el marco legal e institucional no se corresponde con las necesidades actuales, porque el Estado continúa considerando al empresario el más común adversario que como un socio creador de riquezas. La falta de seguridad jurídica para el inversionista y las disposiciones discrecionales y arbitrarias de organismo oficiales, constituyen otra amenaza permanente para la actividad económica.
Hemos desaprovechado oportunidades de la explotación petrolera para articular esfuerzos con el sector industrial y para desarrollar así una industria metalmecánica y petroquímica fuerte y vigorosa. La falta de canales adecuados para la captación del ahorro nacional, sigue limitando la disponibilidad de recursos para el financiamiento de la actividad productiva.
No obstante, estas limitaciones son superables y de éstas se desprenden los retos para el próximo siglo.
Aquí tenemos que visualizar un futuro de una sociedad productiva basada en la creación de riqueza mediante la transformación y valor agregado de los recursos que disponemos en Venezuela.
Tenemos que restablecer la confianza acelerando los procesos de ajuste en un marco legal e institucional y quebrando el proceso inflacionario mediante una sana política fiscal, con un equipo cohesionado en lo económico y con una política en ese sector que estimule el aparato productivo y propicie la creación de nuevos empleos.
Tenemos que retomar la oportunidad que ofrece el sector petrolero como locomotora del desarrollo industrial, es preciso promover y apoyar la iniciativa privada dentro de lo establecido en las normas internacionales, sin sacrificar oportunidades válidas como las compras gubernamentales, tema sobre el cual Conindustria ha efectuado una propuesta concreta después de un amplio estudio con las disposiciones legales tanto nacionales como con las experiencias de otros países.
Es preciso crear una gran alianza entre el sector público y el sector privado para acordar un plan inmediato de reactivación económica que nos permita a la generación rápida del empleo, con un proyecto de largo plazo para ampliación y fortalecimiento de la capacidad productiva del país.
Tenemos que ofrecer un respaldo efectivo a las exportaciones, mediante una tasa de cambio competitiva y una política integral de apoyo donde los mecanismos funcionen con la agilidad de vida.
Es preciso diseñar una estrategia de negociación en los acuerdos de integración basada en principios de equidad comercial y que tome en consideración las asimetrías como elemento para armonizar las diferencias del desarrollo relativo de los diversos países.
En resumen, señores, es preciso convertir estos retos en la gran oportunidad de Venezuela para tener una industria nacional competitiva y con proyección internacional, pasando de ser un país exportador de materias primas a uno más desarrollado que envíe al mundo un sinnúmero de productos con alto contenido de valor agregado nacional. Como decía Marco Zarikian esta mañana que no seamos importadores de 2 millones de empleo, sino que seamos exportadores de 4-5 millones de empleo representados en productos venezolanos. Muchas gracias.
Moderador: A continuación escucharemos a Carlos Larrázabal, quien es economista egresado de la Universidad de Carabobo en el año 1980, Master en Administración de Empresas en University of Dallas en 1983, Programa Ejecutivo Cornell University en 1997, ejecutivo del Grupo Palmar desde 1983. Actualmente ocupa los cargos de Director Grupo Palmar, Presidente de las empresas Industrial Panel, CAE, Inproforca, Presidente Ejecutivo de Tabloplan de Venezuela S.A. hasta septiembre de 1997. Entre sus actividades gremiales se cuentan Director de la Cámara de Industriales del Estado Aragua desde1983 hasta 1998, ocupando cargos como tesorero, vicepresidente y presidente de la institución. Director de la Asociación Latinoamericana de Fabricantes de Aglomerados ALFATA, Director electo de CONINDUSTRIA, período 1999-2000. Carlos
Dr. Carlos Larrázabal
Cámara de Industriales del Estado Aragua
Buenas tardes. Realmente en lo que me toca el tema de conversar que ¿por qué es difícil ser industrial en Venezuela?, en los puntos que yo recogí realmente es como si todas las palabras que nos dijo el Dr. Alejandro Foxley las aplicáramos al revés. Todas sus recomendaciones se ven reflejadas en lo que no se ha hecho en Venezuela en los últimos años.
La primera de ellas va enmarcada en la falta de la definición del país que queremos. En los últimos 40 años nuestra política de desarrollo ha estado orientada bajo el esquema de un país petrolero mono productor, por lo cual todas las políticas públicas en materias económicas han partido de esta premisa.
Esta realidad ha impedido la posibilidad de desarrollar un país modelo económico basado en un país petrolero, que lo somos y lo seguiremos siendo, pero dentro de un modelo económico diversificado que potencialice las ventajas comparativas de las cuales dispone el país.
Estas políticas económicas dependientes solamente de la economía petrolera ha impreso un esquema de alta volatilidad en las variables macroeconómicas del país, situación que realmente limita la posibilidad de planificar en un sector de la economía que por su naturaleza invierte con visión de largo plazo.
La primera y obligada variable a ser considerada es el precio del petróleo, el cual desde 1973 entró en una especie de montaña rusa, afectando a toda la economía nacional para bien o para mal, cada vez que los precios del petróleo cambiaban, en un proceso enmarcado en ciclos cada vez más cortos.
La otra variable que nos afecta fuertemente y nos hace cada vez más pobres es la inflación. Ya podemos decir lamentablemente que una generación completa de venezolanos no sabe que es vivir sin inflación. Esta situación afecta el poder de compra, limita fuertemente las posibilidades de ahorro y financiamiento y va reduciendo progresivamente el consumo per cápita de la mayoría de los productos que fabricamos.
Ahora bien, desde 1996, el efecto maligno de la inflación ha tomado un nuevo matiz, ya que el desarrollo de la misma se ha desvinculado de la tasa de cambio. Continuamente en los últimos años nuestros políticos y economistas del gobierno nos han indicado que la causa principal de la inflación es la tasa de cambio. Pero la realidad nos ha reflejado que con todo y que el gobierno ha mantenido una tasa de cambio artificial en los últimos dos años, la inflación ha continuado su crecimiento propiciando las importaciones, aniquilando las exportaciones y originando el cierre de gran cantidad de empresas que prefieren mudarse a países vecinos y solo dejar en Venezuela centros de distribución para sus productos.
Estos efectos los podemos visualizar más dramáticamente en este cuadro, donde comparamos nuestro nivel de competitividad externa con dos de nuestros socios comerciales principales, como lo son Colombia y Brasil.
Observamos que partiendo de diciembre de 1996 hasta el pasado 31 de mayo de 1999, Colombia ha devaluado su tipo de cambio en un 66.33%, con una inflación acumulada en el mismo período de un 45.93%, mejorando su competitividad externa en un 20.40%. Esto sin considerar la devaluación que tuvieron la semana pasada.
A su vez, Brasil socio comercial que tomará más relevancia en el futuro, mejoró su competitividad externa en un 58.40%. En el mismo período ya que devaluó su moneda en un 64% y reflejó una inflación de un solo 5.6%
En nuestro caso la situación es dramática, ya que con solo una devaluación del 25.73% hemos tenido una inflación acumulada del 93.98% en el mismo período afectando negativamente nuestra competitividad externa en un 68.25%.
Esta realidad aparte de ser insostenible en el tiempo, si es que queremos seguir teniendo una industria privada nacional, no petrolera, que está profundidad en la crisis de empleo, ya que estamos exportando empleos, agregando a las filas de desempleados personas capacitadas de difícil recuperación, tal como lo veremos más adelante.
Si tomamos en cuenta estos desequilibrios es muy peligroso para el sector industrial profundizar un proceso de apertura al cual no nos oponemos sin antes solventar los desequilibrios macroeconómicos actuales. Lamentablemente no observamos disposición del gobierno nacional en solventar este problema a corto plazo.
El otro factor que afecta a la industria venezolana es el llamado costo Venezuela, y este costo se ve reflejado en el hecho de tener un hiper estado altamente ineficiente.
Este análisis lo limitaremos sólo a cuatro sectores básicos de la administración pública, como lo son las aduanas, la seguridad social, los servicios públicos y el sistema educativo.
En materia de aduanas, aunque no podemos negar que se han hecho grandes esfuerzos en algunas de ellas, especialmente en Puerto Cabello. En términos generales y en comparación con las otras aduanas de nuestros principales socios comerciales, continuamos teniendo un sistema altamente ineficiente.
Esta ineficiencia se caracteriza por una elevada burocracia y descoordinación que dificulta los procesos de importación y exportación del sector privado.
La otra características de las aduanas es su poco nivel de automatización, con lo cual los procesos se tornan lentos, a su vez que no se dispone de estadísticas al día que permitan la planificación y la toma de decisión oportuna.
El otro factor que ha venido afectando fuertemente al sector privado industrial, son los ilícitos aduaneros, en lo cual debemos reconocer que en los últimos meses se ha hecho una gran labor al respecto. Esperamos que esta problemática se minimice con la reciente creación del Comité de Ilícitos Aduaneros, creado entre el Seniat, la Guardia Nacional, el Ministerio de Industria y Comercio y CONINDUSTRIA.
Ahora bien, no podemos olvidar que mientras no se modernicen las aduanas, no se solventen los primeros factores que hemos indicado. Eliminar los ilícitos aduaneros será una labor titánica y basada sólo en operativos temporales.
El siguiente factor que afecta al llamado costo Venezuela es el sistema de seguridad social. Es reiterativo indicar que el sistema de seguridad social en Venezuela está colapsado. Desde hace ya varios años, el seguro social es un impuesto más que paga la empresa y el trabajador. Sin una retribución efectiva por dicho pago. A su vez no disponemos de un sistema de pensiones que garantice una vida digna a nuestros trabajadores cuando cumplan su etapa laboral, permitiendo un esquema de ahorro a mediano y a largo plazo.
Dentro del marco de esta grave problemática la Comisión Tripartita diseñó un sistema de seguridad social integrado tendiente a solventar esta problemática en el mediano plazo.
En la actualidad nos preocupa fuertemente que las nuevas autoridades del Ministerio del Trabajo tiendan a desconocer públicamente estos acuerdos con miras a volver a esquemas del pasado, sabiendo de antemano que los mismos no funcionan ni funcionarán.
Todos estos factores originan un doble costo para la empresa y el trabajador, quien tiene que cancelar los impuestos sociales y a su vez contratar servicios privados que le garanticen una atención médica digna.
El tercer factor que incide en el costo en Venezuela, son los servicios públicos. No tenemos que profundizar mucho para concluir que en Venezuela pasamos de tener unos servicios públicos malos y baratos, a tener unos servicios públicos malos pero caros. En la actualidad servicios como el eléctrico para el sector industrial, son de los más costosos de Latinoamérica, debido entre otras cosas a un esquema tarifario de subsidios cruzados que no termina de sincerarse.
Observamos un sistema de servicios públicos altamente controlado por el Estado, el cual no tiende a solventar sus ineficiencias, ni se enmarca en un proceso claro y transparente de privatización, el cual permita la competencia y elimine las prácticas monopólicas del sector.
El último factor del costo en Venezuela a ser considerado, es el sistema educativo. En este caso son múltiples los estudios que nos indican la baja calidad comparativa con otros países de nuestro sistema educativo, el cual se caracteriza por lo altamente politizado y sindicalizado que se encuentra, donde la mística, la ética y el deseo de enseñar se han perdido.
Igualmente no disponemos de un sector educativo vinculado con las necesidades de la industria, nuestras universidades e institutos de educación superior, al igual que el INCE, no producen graduandos acordes con las necesidades laborales que exige el mundo globalizado de hoy, ni están acordes con el llamado a desarrollar el conocimiento que nos hizo hoy el doctor Toffler, siendo ésta una labor de largo plazo que debemos iniciar inmediatamente.
Todos estos factores, de nuevo originan un doble pago para la industria, un doble costo, la cual debe invertir grandes cantidades de dinero en reentrenar a sus trabajadores, aunque el Ministro de Industria y Comercio no lo haya reconocido esta mañana.
El siguiente factor que pasaremos a evaluar dentro de las dificultades que enfrenta la industria en Venezuela, es el de la falta de aprovechamiento de las ventajas comparativas que dispone el país. Para visualizar esta problemática, voy a mostrar únicamente dos ejemplos de cómo Venezuela, debido a su política fiscalista enmarcada en un país petrolero, monoproductor, no ha potencializado sus ventajas comparativas.
En primer lugar, tenemos la política de precios en diferencias de importación que ha venido aplicando el Ejecutivo Nacional a través de la industria petrolera en los últimos años. El caso del metanol es un ejemplo clásico, ya que aunque las empresas que lo producen son mixtas, su distribución a nivel nacional está monopolizado por el Estado, colocando el producto 80% más caro que el precio de exportación FOB, cancelada por nuestros socios comerciales. Esta situación ofrece la paradoja que por ejemplo Colombia, adquiere el metanol en mejores condiciones que los productores locales. Con esta realidad, las inversiones de productos con valor agregado se dirigen hacia otros países que les brindan mejores condiciones, por razones obvias, tal es el caso de Trinidad, quien está ofreciendo ya en Venezuela productos derivados del metanol, sustancialmente más económicos que los nuestros.
El siguiente caso de falta de aprovechamiento de las ventajas comparativas que dispone Venezuela, es el gas metano o gas natural. Esta situación se refleja en el hecho que desde diciembre de 1996, el precio de gas metano se ha incrementado en más de un 700% y de aquí a abril del 2000 se incrementará en un 300% adicional. Con estos incrementos, pasaremos de un gas a precios ridículamente baratos en 1996, a unos precios alarmantemente caros, donde se refleja un incremento de precios en más de 140% entre Anaco y Barquisimeto, con una red de distribución de apenas mil kilómetros. Esta decisión, meramente fiscalista, acabaría en el corto plazo con todas las industrias que invirtieron en nuestro país, para disponer de un gas a precios razonables y con un suministro en abundancia.
El siguiente factor que afecta a la industria nacional y limita su desarrollo futuro, es la falta de financiamiento bancario a mediano y largo plazo, no se puede esperar que el desarrollo industrial del país, el cual requiere de cuantiosas inversiones, se efectúe a costo de capital propio o pagarés a 90 días.
En lo que respecta a los fondos ofrecidos por el Estado, éstos son sumamente limitados y no se compaginan con las necesidades reales de la industria y sus necesidades actuales de inversión. En el caso de la banca privada, su estructura financiera caracterizada por pasivos a muy corto plazo, que rotan a 180 días promedio, limitan a ofrecer financiamientos a plazos mayores. Esto nos lleva a que en la actualidad la cartera de activos de la banca, rotan en promedio cada 45 días, situación que refleja la dificultad de financiar proyectos a mediano y largo plazo, esta situación se agrava si observamos las políticas de tasas de interés actual, las cuales imposibilitan la vialidad de cualquier proyecto de inversión en Venezuela, con financiamiento en bolívares.
En el caso del financiamiento en monedas extranjeras, igualmente las limitaciones son muchas, ya que las posibilidades son muy reducidas para las empresas medianas y pequeñas, y en la mayoría de los casos asociados a proyectos de exportación, a su vez el costo es elevado por efecto del riesgo país que tienen las tasas de interés en los actuales momentos.
Como último factor a considerar en la pregunta ¿Por qué es difícil ser industrial en Venezuela? está la falta de incentivos municipales y regionales para la instalación de nuevas industrias. En primer lugar, debemos de reflejar una tendiente reciente a nivel de todos los municipios donde hay zonas industriales de voracidad fiscal. Ante la caída de los ingresos por parte del Situado Nacional, los municipios se han dado a la tarea de incrementar los impuestos locales, sin ningún tipo de limitación, afectando aún más al ya debilitado aparato productivo nacional.
Ahora bien, dentro de una economía globalizada, los municipios deben de incentivar la instalación de nuevas industrias, con miras a crear empleos en sus áreas de influencia e incrementar su base tributaria. Esta situación no se observa en Venezuela, si comparamos los incentivos existentes en algunos de los principales municipios industriales del centro del país, con los incentivos que ofrecen algunos municipios en nuestro vecino país de Brasil.
En nuestro caso, los principales incentivos que se ofrecen al industrial, se basan en tres aspectos fundamentales: Primero, la exoneración de patentes de industria y comercio para las ventas de exportación; la exoneración de los impuestos urbanos, no de la patente, por tres años para las nuevas industrias; y el desgravamen del 50% de la alícuota de patente para el primer año de funcionamiento.
Si esto lo comparamos con un municipio brasileño, que es el municipio de cuatro barras en el estado de Paraná en Brasil, algunos de los incentivos que este municipio ofrece son los siguientes: 100.000 M2 de terreno gratis para la industria; impuestos municipales diferidos por cincuenta y dos meses; garantías de obtener los permisos en un plazo determinado de tiempo; y financiamiento municipal para las viviendas del personal.
Como observarán, se requiere una mayor agresividad de nuestros municipios para atraer inversiones, que en el caso contrario se irán hacia donde les ofrezcan mejores condiciones por razones obvias.
Es importante resaltar que con todas estas adversidades, la industria venezolana sigue siendo un sector importante en la generación de riqueza del país, produciendo el 15.45% del producto interno bruto. Igualmente, un sector que se ve directamente afectado por los vaivenes de la economía, pero en una forma más que proporcional, cuando el producto interno bruto, la industria cae con mayor fuerza, y cuando crece se observa ese mismo fenómeno, lo que refleja la rápida capacidad de recuperación que tiene el sector, si se toman las medidas económicas correctas. Lamentablemente, la falta de políticas dirigidas al sector, han originado una caída del empleo industrial del 37% desde 1996 hasta diciembre de 1998, sin contar con el efecto recesivo registrado en este primer semestre de 1999, el cual está siendo procesado y cuantificado en la actualidad, por la encuesta de coyuntura que hace Conindustria.
Esta situación es dramática, si consideramos que el empleo del sector industrial es el más capacitado, el más estable y su recuperación tiene un alto costo para el sector industrial como lo sabemos todos nosotros. La situación que hemos resumido en las láminas anteriores podría clasificarse como dramática pero está en las manos del Ejecutivo Nacional y las nuestras revertirlas y para ello me voy a permitir hacer algunas recomendaciones y algunas cosas que requerimos.
Primero que todo confianza, este tema ya se ha hablado en el transcurso de la mañana de hoy con bastante profundidad. La confianza no se decreta ni se ordena, la confianza se transmite con hechos y medidas concretas que le den tranquilidad al inversionista y seguridad jurídica al mismo. Sin confianza cualquier medida que se tome será efímera. Para lograr esa confianza primero que todo debemos definir el país que queremos desde el punto de vista económico. No podemos seguir dependiendo de un modelo de país petrolero monoproductor. Debemos diversificar nuestra economía maximizando el aprovechamiento en nuestras ventajas comparativas como ya indicamos.
Tercero, requerimos de un estado altamente eficiente, descentralizado y focalizado en sus funciones básicas, requerimos de políticas macroeconómicas coherentes, estables en el tiempo y que propicien la competitividad del país como un todo, requerimos a su vez de un sistema de seguridad social que garantice servicio de salud eficiente para todos, sistemas de pensiones que propicien el ahorro a largo plazo y como último requerimos de una industrial nacional enmarcada en la economía global maximizando las ventajas comparativas de que dispone el país.
Para concluir podemos ratificar al Ejecutivo Nacional que puede estar seguro que de cumplirse las premisas indicadas, la capacidad de respuesta del sector nacional industrial será inmediata. No podemos esperar demasiado tarde para reactivar el aparato productivo nacional. Muchas gracias.
Le damos las gracias al Dr. Juan Calvo y al Dr. Carlos Larrazábal por sus excelentes exposiciones. En vista de lo apremiante del tiempo y ahora a continuación vamos al refrigerio, solamente disponemos de 15 minutos para lo mismo, por lo cual les agradecemos que seamos eficientes con eso. Gracias.